SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO

Vale, lo admito, tal vez tenga cierta debilidad por las obras de Shakespeare, pero mirándolo objetivamente, son auténticas obras de arte, y eso, a expensas de gustos personales y predilecciones, es un hecho.

Sueño de una Noche de Verano es una obra única por su simpleza, un drama con una trama sencilla y unos personajes llenos de vida y de personalidad. No he leído obra más simple y sin embargo más entretenida que esta, aunque la simplicidad es algo, por raro que pueda sonar, muy latente en Shakespeare, y es que en cada una de sus obras, los enredos son fáciles de seguir, sin demasiada parafernalia que nos pueda trastocar una lectura apacible, y bajo ese manto de banalidad, se esconde una trama mucho más compleja, unos planteamientos morales que llevarían semanas debatir, y  que, lo más seguro, quedarían en tablas. Y es que este autor es un genio del incógnito: en esta obra en principio tan clara, se propone el amor como un hecho azaroso, que no podemos escoger, sino que escogen por nosotros, como si nuestro destino fuese guiado por alguien que decide por quién perderemos la cabeza, hasta tal punto que somos capaces de enamorarnos de un animal, como en esta obra, de cambiar de enamorada de la noche a la mañana, y, adelantándose a su época y escandalizando a todos, como en otras obras se ha visto, de una persona de nuestro mismo sexo. No podemos elegir a quien amamos, como en esta comedia se expresa, no importa la edad, la clase social o la apariencia, compara el amor con la poesía y con la locura. El amor es poesía y es locura, es un ir y venir de sentimientos que llegan en tropel y que no somos capaces de discernir.

Shakespeare utiliza la trama sencilla como catalizador para hablar de temas más importantes, y no sólo de amor, sino de todo tipo de causas, como que la simplicidad a la hora de hablar connota sabiduría, y que los grandes discursos hablan menos que los silencios, o la injusticia que denuncia Helena ante la tradición y obligación de las mujeres a permanecer pasivas ante el amor, cuando a los hombres se les permite luchar por él; es un arte con el que nos deja escoger entre una apacible interpretación de líos amorosos que terminan con la felicidad, o una obra que saca lo más macabro de la realidad para que nos demos cuenta de cotidianidades en las que no pararíamos a pensar de otra forma.

Me reitero en mi primera sentencia de que, tal vez (y sólo tal vez), no sea imparcial con William Shakespeare, pero he de decir que esta me ha parecido una gran obra maestra, que, según mi opinión, se asemeja a Romeo y Julieta, aunque más llana y con menos parafernalia pero de igual valor artístico e intelectual.

Por lo tanto, y para concluir, diré que esta obra, como cada una de las de este autor, tiene un sentido oculto para cada uno de nosotros, y es nuestro deber al leerla encontrarlo y comprenderlo.

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