Audiolibros

Sí, habéis leído bien… AUDIOLIBROS…

Si os digo la verdad, jamás pensé que me gustarían; para mi eran algo relegado a la gente sin tiempo, y a quienes no les gusta realmente la lectura. Y es que yo soy una fanática de los libros en papel: de tocarlos, pasar sus páginas y, he de reconocerlo, olerlos. El peso de un libro en tus manos mientras disfrutas de la historia y el paso de sus páginas con avidez cuando la historia se pone interesante, como si no existiera más en el mundo aparte de la historia y tú, y esa página que se interpone entre los dos. ¿Y ese placer de releer más de diez veces esas líneas que tanto te han tocado, intentando memorizarlas para momentos en los que sabes vas a necesitarlas y que acabas apuntando para la posteridad?  He de reconocer, aunque suene muy sentimentalista, que cuando veo un libro con el que he disfrutado, colocado en mi estantería, no puedo evitar cogerlo, repasar sus páginas y sonreír para volver a dejarlo en la estantería con la promesa de una temprana relectura. Un nuevo reencuentro. Así que nunca pensé que los audiolibros fueran algo que a mi me fuera a gustar.

Y en contra de todas mis creencias (prejuicios incluso), he empezado un audiolibro. Lo he hecho porque de un tiempo a esta parte, por todas partes leía reseñas de audiolibros, de que ahorran tiempo, de que los puedes llevar a todas partes… Así que me animé, y me metí en la aplicación Ivoox, en la que se encuentran no solo audiolibros, sino también programas de radio y otras cosas que, sinceramente, no he investigado.

Y he de reconocer que, aunque aún tengo mis reticencias, y para mi el papel siempre superará a todos los demás formatos, he disfrutado de la experiencia. Durante las 7 horas aproximadamente que ha durado mi “lectura” por llamarlo de alguna forma, he redescubierto que lo realmente importante de los libros es su contenido: que las palabras salten de la tinta a la voz no le quita significado ni entendimiento.

Pero no todo son ventajas: algo que no me gusta de los audiolibros (al menos del que he escuchado yo) es la voz robótica con la que te relatan los acontecimientos ¿Tan difícil era escoger una voz bonita que no sonara metálica? Aunque supongo que esto no afecta a todos los audiolibros, el mío sí tenía la voz característica de un GPS.  Otro problema que me ha surgido, es que, si  te distraes un momento, no sabes dónde has empezado a perderte, y no sabes cuantos minutos retroceder, cosa que con los libros es un poco más complicado que ocurra y, en caso de que así sea, basta con echar la vista un poco atrás para ver donde te has quedado.

Si eres como yo y te apuntas las frases que te gustan o te despiertan sentimientos de cualquier tipo, el hecho de escucharlo es un poco incómodo: si la frase es corta puedes memorizarla y escribirla donde bien puedas, pero si es más larga y estas haciendo algo, lo dejarás correr, y luego te dará algo de rabia el haberlo hecho, porque seguro que era importante. Aunque, por supuesto, podrás vivir con ello, siempre sabrás que hubo una frase que se escapó de tu lápiz…

Sin embargo, y pese a lo que pensaba inicialmente, escuchar audiolibros tiene muchas ventajas: la principal es que, aunque seas como yo y tengas un master y doctorado en  el arte que a mi me gusta llamar “lector multitarea” , que consiste, como muchos ya sabréis, en leer mientras realizas otras actividades (vestirte, atarte los zapatos, andar, comer…), escuchar audiolibros te abre un mundo de posibilidades en el que toda tarea cotidiana se puede realizar escuchando una buena historia; como ir a hacer la compra, conducir, caminar al trabajo o las clases, o ir al gimnasio (para mi sorpresa, se me ha hecho más ameno incluso que con música), cosas que se hacen difíciles e incluso imposibles con la palabra escrita y que  convierten un simple paseo en un deporte de riesgo.

Así, he de reconocer que los audiolibros son muy útiles, y he disfrutado de la experiencia que tengo por seguro repetiré, pero también he de decir que me he encontrado en varias ocasiones pensando “si tuviera aquí delante el libro…”, y es que la magia de leer las palabras, y que suenen con la entonación apropiada, la que tú te imaginas, y saborear las letras de una frase que te ha despertado sentimientos especiales, o que te ha llamado la atención porque te aclara dudas existenciales, o te plantea dilemas morales que te mantendrán en vela toda la noche (o tal vez esos 7 minutos que nos cuesta dormirnos de media), eso no tiene precio.

Y en cuanto al libro que he escuchado (es una frase que jamás me imaginé diciendo), he escogido Once Minutos, de Paulo Coelho. Un libro absolutamente magnífico y rotundo del que dentro de muy poco tendréis una reseña.

 P.D.:  Consejo de principiante: No escuchéis audiolibros en la cama o cuando tengáis sueño: tal vez la voz no sea nada relajante, pero os quedaréis dormidos igual y los problemas vendrán a la mañana siguiente 🙂

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